domenica 10 settembre 2023

Nieves Herrera - Cap.10 (en español)

 



Nieves Herrera se quedó embarazada a los veinte años, pocos meses después de su llegada a Cuba. Ángel, al saber que su mujer esperaba un hijo, corrió a La Habana en busca de un ayudante que pusiera en marcha el proyecto, que le iba rondando por la cabeza desde hacía tiempo.

Volvió contento de La Habana y al llegar a casa le dijo a su mujer:

- Un catalán, el tal Mariano Defaus Moragas, ha aceptado mi propuesta. Sabe mucho de cereales y con él me veo capaz a transformar la hacienda. Quiero que nuestro hijo, al nacer, vea campos de trigo y no tabacales.

- Sí, le voy a hacer papillas con trigo molido al bebé. Y sopas de pan para nosotros, como las que me preparaba mi madre, dijo sonriendo Nieves.

A Nieves en seguida le cayó bien Mariano y, a pesar de que fuera un hombre de pocas palabras, estaba a gusto a su lado. Le recordaba a Rafael, uno de sus hermanos, el más tímido y taciturno de ellos. Poco a poco Mariano cogió confianza en Nieves y se volvió más comunicativo, contándole anécdotas de su infancia en Malgrat, pero sobre todo ella descubrió las cualidades de Mariano al nacer Ángel, su hijo. Mariano fue desde el principio cariñoso con el recién nacido.

- Me recuerda a mis hermanos. Yo era el mayor, éramos ocho. Me fui de casa a los diecisiete años, María tenía quince, Joan trece, Isidro once, Francisco nueve, las pequeñas, Luisa y Rosa, cinco y tres años... Han pasado ocho años pero aún les echo mucho de menos.

- ¿Por qué marchaste de tu pueblo tan joven?

Mariano se quedó sin habla, pensando en la promesa que le había hecho al Señor Sarrá, pero aquella chica madrileña le infundía confianza y mientras mecía al niño le confesó que era un desertor.

Nieves, boquiabierta, escuchó sus desventuras.

- Yo echo mucho de menos a mi madre y a mis hermanos. Y llevo poco tiempo en Cuba. Pero tú, ocho años. ¿Cómo puedes soportarlo? Le preguntó.
- Mi madre me escribe una carta cada quince días.
- ¿Y tú también lo haces tan a menudo?

- Cada quince días no, pero al menos una vez cada mes, nunca fallo.

- A mí también me gustaría cartearme con mi madre, pero yo apenas sé escribir y ella no sabe leer. Sin embargo, mi marido, cuando nació nuestro hijo, le escribió una carta a mi madre, mejor dicho, al cura de la iglesia donde suele ir a misa, para que él se la leyera. El sacerdote todavía le sigue leyendo a mi madre las cartas de Ángel, pero le contesta de forma muy escueta.

- Te puedo enseñar a escribir.

- Sé escribir mi nombre y poca cosa más.

- ¿Fuiste a la escuela?

- No, pero iba mucho a la iglesia. Mientras mi madre se arrodillaba en el confesionario, una señora de la parroquia que tocaba el órgano, me enseñaba a cantar el abecedario.

- Ah!

- Desde que murió Rafael, mi madre necesitaba confesarse. Las palabras del cura apaciguaban su pesadumbre... ¡Pero tenía que inventarse pecados!

- ¡Qué gracioso!

- Aunque parezca extraño, le iba muy bien. Cuando salía del confesionario, ya no me hablaba de Rafael y sonreía mientras me susurraba la lista de sus pecados veniales.

- ¿Qué pecado se inventaba? Si se puede saber.

- Pues los de siempre, mentiras y envidias. Y otros más estrafalarios.

- ¿Cuáles?

- Por ejemplo, le metía una lagartija troceada en el plato de su suegra cascarrabias. O que a una vecina que le caía mal, le echaba orinales llenos en su jardín. O que le daba una bofetada a una señora arrogante que entraba en la tienda, tocándolo todo y no comprando nada... y muchas cosas más que no me acuerdo.

- ¡Qué repertorio! ¡ Y qué imaginación! ¿Fue ella quien escogió tu nombre?

- Pues sí, me puso Nieves, porque al nacer me vio la piel tan blanquita que en seguida pensó en el cuento de Blancanieves - se paró unos segundos y luego siguió diciendo- A mí también me encantaba ese cuento, sobre todo la parte final la sé de memoria.

- ¿Te la recita?

- De acuerdo.


Blancanieves mordió la manzana y cayó desplomada. Los enanos, alertados por los animales del bosque, llegaron a la cabaña mientras la reina malvada huía. Con gran tristeza, colocaron a Blancanieves en una urna de cristal. Todos tenían la esperanza de que la hermosa joven despertase un día. Por suerte, un apuesto príncipe que cruzaba el bosque en su caballo, vio a la hermosa joven en la urna de cristal y maravillado por su belleza, le dio un beso. La joven despertó rompiéndose el hechizo. Blancanieves y el príncipe se casaron y vivieron felices para siempre.


- ¡Ese cuento, en catalán Blancaneus, lo contaba mi madre a mis hermanitas! Calló un momento y una sonrisa cruzó su rostro: - ¡Ángel es el príncipe que te ha llevado al Nuevo Mundo!

- ¡Qué tontería, yo no creo en príncipes! Yo estaba muy bien en Lavapiés con mi familia, Ángel no rompió ningún hechizo.

- No te enfades, mujer, estaba bromeando, le dijo Mariano.

- Yo no tengo tanta fantasía como mi madre, soy más realista, me parezco más a mi padre. En cambio, a ella le gustaba inventar historias, observando y escuchando a la gente de la calle. Sus cuentos se inspiraban en los relatos de su abuela, pero la mayor parte de las veces era pura imaginación.

- Pues tu madre tiene un buen carácter, por lo que dices, encontró la manera de espabilarse después de perder a un hijo. No sé si mi madre hubiera logrado reponerse ante tal desgracia.

- Cada uno se sacude el dolor como puede. Yo tiendo a volcarme en el trabajo, para no caer deprimida, le contestó Nieves.

- ¿Y tú trabajabas cuando murió Rafael?

- Sí. Hasta los diez años cuidé a mis cuatro hermanitos. Yo también soy la mayor. Pero muy pronto tuve que ir a ayudar a mis padres en la alfarería. Aprendí a moldear y a cocer vasijas.

- ¿Te gusta?

- Sí, mucho. En la alfarería conocí a Ángel. Un día entró para comprar un cántaro. Volvió al día siguiente y el otro. Me cortejó durante varios meses. En Navidades, pidió mi mano a mi padre. Él accedió, pues Ángel le aseguraba un buen porvenir para mí. Vivimos un año en una casita que él compró, muy cerca de la de mis padres. Hasta que le llegó el telegrama con las malas noticias y tuvimos que embarcarnos para Cuba. Desde entonces no he vuelto a cocer una pieza de arcilla.

- En mi pueblo también hay bastantes alfareros, los ollers en catalán. Yo vivía en la calle Ollers, pero mis padres no eran alfareros sino campesinos.

- Cuando se haya puesto en marcha el cultivo de cereales, Ángel me ha prometido que vamos a construir un horno al lado de la mansión. Si quieres, te puedo enseñar a modelar vasijas con el torno y a cocerlas.

Ángel y Mariano trabajaron sin descanso durante dos años. Tuvieron muchos problemas e imprevistos, sin embargo, juntos encontraron soluciones para todo, descubriendo que se avenían y que el proyecto de Ángel no era tan descabellado como parecía. Durante el primer año reorganizaron la hacienda, compraron animales y utensilios para labrar la tierra, para la siembra y para la recolección de mieses, plantaron árboles y construyeron un molino para moler el trigo y un horno para hacer el pan. Buscaron compradores por los alrededores, sobre todo en la Habana, donde la venta de harina estaba asegurada, por los muchos europeos que había, ya que el pan era el primer alimento que echaban de menos españoles, franceses y portugueses al llegar a Cuba.

Nieves era una muchacha alegre y jovial. Quería a su marido y le parecía bien todo lo que él decidía, sin embargo, aceptó a regañadientes la obligación de marcharse de Madrid y dejar a su familia, pues ella soñaba una vida tranquila en el barrio de Lavapiés.

Cuando llegaron a Cuba, tuvo que adaptarse a tantas cosas nuevas que dejó de sufrir lejos de su familia.

Se convirtió en la señora Hernández, pero siguió siendo la muchacha sencilla de Lavapiés. Dos mujeres la ayudaban en la cocina y en la limpieza. Con ellas comenzó a hacer hogazas de pan para todo el personal de la hacienda.

Desde que Mariano llegó a la finca Esperanza, escribía menos cartas a su madre, pero cuando veía que había pasado un mes desde la última, intentaba hacerlo. A menudo le pasaba que empezara una carta, dejándola a mitad para el día siguiente. Aunque cada noche se sentara para terminar la carta, no lograba escribir casi nada, pues caía muerto de sueño. Le sabía mal escribir cartas cortas a su madre, pero se consolaba pensando en que eran mejor cortas que dejar de escribir. Una noche, no tenía sueño, le corría adrenalina por la sangre después de una jornada complicada, pues uno de los trabajadores se hirió el pie con el arado y tuvo que llevarlo al dispensario médico de Pinar del Río para que le pararan la hemorragia. Aprovechó su desvelo para escribir una larga carta a su madre, pero de vez en cuando se paraba al pensar en el pobre hombre que gritaba y se desesperaba. Al ser la herida muy profunda, le tuvieron que amputar el pie.


Finca Esperanza, 20 de octubre de 1881.

Estimada madre,

espero que cuando lea esta carta todos estén bien. Yo también, gracias a Dios, gozo de buena salud. Como le dije en la última carta, ahora, además de seguir siendo socio de los tres tenderos, estoy trabajando en una finca que está cerca de Pinar del Río. Me contrataron para que llevara la siembra de cereales. No piense que tenga que labrar la tierra, he de dirigir a una plantilla de jornaleros, no es que sea fácil mandar a tantos hombres y mujeres, la mayor parte son negritos, pero no son esclavos. Ángel, mi amo les dio la libertad hace tiempo. También me ocupo de las cuentas, pues él no sabe nada de contabilidad. Mi trabajo es más de coordinación que de cansancio físico y por ahora todo marcha bien.

Ángel y Nieves, su mujer, son muy amables conmigo. Vivo en una casita blanca al lado de la mansión. Los padres de Ángel eran muy ricos, tenían plantaciones de tabaco, pero desde que él se fue a estudiar a Madrid, en donde conoció a Nieves, no ha querido saber nada más de tabacales. Hemos dividido la propiedad en campos pequeños en los que a rotación cultivamos cereales. Eso de la rotación lo aprendió en Europa, dice que la tierra se empobrece al sembrar siempre las mismas plantas; hay que cambiar cada cuatro años. Es un trabajo que me gusta mucho, pues Ángel me ha dado carta blanca para que renueve los cultivos.

Nieves es madrileña y se añora como yo de España. Hablamos a menudo de nuestro país. Tiene veintitrés años y un hijo pequeño, muy vivaracho, suelo juguetear con él después de cenar y me acuerdo de mis hermanos pequeños.

El clima es parecido al de La Habana, pero gracias a Dios corre más aire y no se sofoca tanto. Comemos la mar de bien, tenemos un huerto en el que hemos sembrado, berenjenas, zanahorias, pimientos, lechugas y tomates. A veces preparo una “escalibada” como las que usted hacía, mientras la saboreo, os recuerdo a todos sentados en la mesa de la cocina.

Me gustaría volver a Malgrat, lo haré en cuanto pueda, quizás dentro de un par de años me embarque, ahora que la guerra ha terminado todo va a ser más fácil. Pero como usted entenderá bien, ahora mismo no puedo dejar un trabajo tan bueno. Tengo que aprovechar el momento. Le envío una foto que me hice en la Habana. Pienso siempre en ustedes. De mis recuerdos a mi padre y a mis hermanos.

Tengo nostalgia de Malgrat, de nuestra casa y de todos vosotros. No sé qué daría para estar un rato con todos vosotros.

Un abrazo de su hijo que le quiere.

Mariano Defaus Moragas


El segundo año construyeron un horno no sólo para los cacharros de barro, sino también para fabricar tejas y ladrillos. Los hombres se ocupaban de ir a buscar el barro y la leña y de cuidar el fuego, las mujeres de moldear y cocer las piezas. Construyeron nuevos establos, derrumbaron los barracones y edificaron casitas para los jornaleros, sembraron, además de trigo, maíz y patatas, y cuando empezaron a obtener los frutos de aquella intensa labor, Ángel Hernández cayó enfermo.

- Mariano, me estoy muriendo, prométeme que vas a cuidar de mi mujer y de mi hijito, le dijo Ángel.

- El médico ha dicho que te vas a curar, que tu enfermedad no tiene por qué ser mortal. Verás que todo irá bien, ahora que en Estados Unidos están sacando una vacuna, le contestó Mariano, dándole ánimos.

- Mariano, yo estudié medicina en Europa, aunque luego no haya ejercido, sé que muchas enfermedades, sobre todo las que trajeron los españoles a Cuba, son mortales. La viruela es una de ellas.

- No seas tan pesimista.

- La vacuna de la viruela, aún no está lista en Cuba. La están experimentando. No nos engañemos, le contestó Ángel.

- La esperanza es la última en morir. Por eso tus antepasados pusieron ese nombre a la finca. ¿No te parece?

Nieves estaba muy afligida por la enfermedad de su marido, no podía imaginar una vida sin él a su lado. Estaba muy ocupada con el niño y dejaba que Mariano, el único de sus colaboradores que había pasado la viruela de pequeño, se quedara a la cabecera de su marido.

La vacuna norteamericana jamás llegó y Ángel murió a principios de 1884, seis meses antes de la producción y distribución de la vacuna de la viruela por parte del Centro General de la Vacuna de Cuba. En la finca, la viruela también causó la muerte a un capataz, cuatro jornaleros, una de las cocineras y un puñado de niños.

La muerte de Ángel fue un duro golpe para Nieves y también para Mariano. Estaban los dos muy afectados, pero al cabo de dos semanas que fueron eternas para ellos, Nieves reaccionó y le dijo a Mariano:

- No nos sirve de nada estar llorando y desesperándonos. Hay que llevar a cabo el proyecto de Ángel. Yo tengo que hacerlo por mi hijo.

- Te ayudaré, no te abandonaré. Pero los vecinos de la finca y los conocidos de Pinar del Río, empezarán a murmurar de nuestra situación. Una viuda y el socio del difunto marido no pueden vivir bajo el mismo techo.

- Nunca me ha importado lo que dice la gente. Pero si tú estás de acuerdo, dentro de diez meses nos podemos casar. Así nadie chismorreará.

Mariano se quedó mudo, no se esperaba que Nieves le propusiera un casamiento. Enrojeció y le dijo:

- Yo por ti y por el pequeño daría mi vida. Si tú crees que es la mejor cosa para vosotros y para la hacienda, estoy de acuerdo en lo que tú dispongas.

- Haremos una boda sencilla y no estás obligado a acostarte conmigo.

- Nieves, te quiero como a una hermana. Quiero protegeros a ti y a tu hijo... Y por supuesto llevar a cabo el proyecto de tu marido.

A principios del otoño de 1884 Mariano y Nieves Herrera se casaron. Nieves fue a ver a Mosén Lluís, un sacerdote catalán de la iglesia de la Consolación del Sur de Pinar del Río, que había conocido bien a la familia de su marido, para pedirle que celebrara el casamiento. Invitaron a la boda a todos los trabajadores y a algunos amigos. Los tres tenderos cerraron por primera vez su tienda, llegaron a la finca dos días antes de la boda. También aparecieron Miguel y el capitán, que habían desembarcado en La Habana pocos días antes. María Plana y Ramón Valls, su marido, llegaron con un carro lleno de carne de ternera y de toro, la mejor de su hacienda. La descargaron en la cocina para el asado del banquete. Pocas horas antes de la boda llegó también Isabel. Olivia y Felipe aparecieron cuando estaba empezando la ceremonia. Mariano y Nieves eran felices, habían reunido a todos sus amigos del Nuevo Mundo, sólo les faltaban las familias de Malgrat y de Madrid. El personal asalariado de la finca se puso la mejor ropa que tenía para asistir a la ceremonia, pero muchos tuvieron que quedarse afuera, pues en la capilla ya no cabía más gente. Pusieron mesas y sillas en el jardín de la finca para el banquete. Empezaron a asar mucha cantidad de carne, pescado, hortalizas, panojas de maíz y bananas. Hornearon decenas de hogazas de pan y cocieron numerosas ollas de judías, garbanzos y arroz. Cortaron lonchas de queso, jamón y pedazos de fruta tropical que sirvieron en bandejas de arcilla. Cuando llegaron los invitados, fueron descorchando botellas de vino y de ron para todos. Los tres tenderos no pararon de beber y de gastar bromas a los invitados, armando una gran juerga. Los jornaleros animaron la fiesta con cantes y bailes cubanos. Por primera vez en la finca Esperanza, desde que había entrado la plaga, volvió a reinar el buen humor.







venerdì 8 settembre 2023

L'Avana - Cap.5 (in italiano)

 Un pomeriggio di fine novembre, più fresco e meno afoso di quanto non fosse di solito in quel periodo, Miguel e il capitano salparono per le Isole Canarie. Mariano si recò al molo per congedarsi. Provò un magone mentre osservava le manovre del veliero e l'issarsi delle vele. Si sarebbe imbarcato volentieri con loro per tornare in patria. Da quando aveva messo piede a L’Avana, ogni mattina un dolore al petto lo faceva balzare dal letto. Lo aveva raccontato a Miguel, il quale gli aveva risposto che la stessa cosa era successa a lui quando aveva lasciato La Palma, la sua isola.
- Ciò è dovuto alla paura che abbiamo di sentirci abbandonati e alla nostalgia che abbiamo della famiglia. Non c’è da preoccuparsi, ci siamo passati tutti.
- Mentre navigavamo non mi sono accorto di nulla, ma ora mi sveglio di soprassalto e sto male per un bel po’, gli disse Mariano.
- Certo, sulla nave ti sei sentito accolto e protetto da tutti noi, rispose Miguel sorridendo.
Prima che la nave levasse l'ancora, Mariano consegnò a Miguel una lettera che aveva scritto alla madre la sera prima.

Cara madre,
spero che quando riceverà questa lettera sia in perfetta salute e in compagnia di tutta la famiglia. Io sto bene, grazie a Dio. Il signor Sarrá mi sta aiutando molto, per il momento mi sono sistemato nel retrobottega della Farmacia. Molti giorni mi invita a pranzo a casa sua. Al momento lavoro con lui, ma mi piacerebbe trovare un impiego nel settore commerciale.
Ogni mattina mi alzo quando fa giorno, alle sei e mezza e vado fuori a prendere un caffè e latte in una locanda vicino a casa. A Cuba si mangia due volte al giorno: alle dieci e mezza del mattino e alle quattro del pomeriggio. Dopo pranzo ci riposiamo per un po', essendo il momento più caldo e faticoso della giornata. Alle sei torniamo a lavorare fino alle otto. Verso le otto e mezza fa buio di colpo.
A volte la sera esco a fare una passeggiata con Pablo, Pepe y Pedro, i tre fratelli che hanno viaggiato con me. Si ricorda? Le avevo parlato di loro in un'altra lettera. Sono quelli che hanno aperto un negozio di alimentari nel centro della città, speriamo che vada bene. Pedro mi ha detto che presto inizieranno a vendere sementi e che se andrà bene la vendita, mi chiameranno perché me ne occupi io. Lo spero!
Come vi ho detto, sono diventato anche un buon amico di Miguel, uno degli ufficiali della nave, e anche del capitano. Mi dispiace che salpino domani, mi ero abituato ad andare a cena con loro.

Vi chiederete cosa si mangia a Cuba? Il mio piatto preferito è riso con fagioli, chiamato anche moros y cristianos. I fagioli sono piccoli e neri, molto gustosi, ma non così delicati come i fesols ganxet di Malgrat. Di solito a pranzo mangio carne di maiale, preparata in modi diversi, a volte anche aragoste e gamberi. La cuoca del signor Sarrá cucina piatti buonissimi, come la yucca con il mojo (una radice dal sapore delizioso che viene preparata con una salsa all'aglio e a limone), l’avocado ripieno e le banane fritte.
Spero che tra qualche mese la situazione politica in Spagna sia migliorata e io possa tornare a casa, mi sono già fatta l’idea che resterò qui per un anno o due al massimo. Mi mancate molto, come stanno i miei fratelli e le mie sorelle? Penso spesso a voi, a tutto quello che mi avete insegnato, e vi ringrazio dal profondo del mio cuore. Come va tutto a Malgrat? Salutatemi il maestro, il prete e il sindaco.
Ancora non posso esprimermi sulla L’Avana, perché finora ho visto ben poco della città, solo il quartiere vecchio e la zona del porto. Il signor Sarrá vuole che Felipe, il suo cocchiere di fiducia, mi porti a visitare tutta la città e i dintorni. Un altro giorno vorrei prendere il treno per Güines, una città a sud dell'Avana. Vi racconterò.
Adesso andrò a dormire perché domani devo alzarmi presto. Vi saluto con affetto.
Vostro figlio che vi vuole bene.
Mariano Defaus Moragas


Mentre la nave si allontanava e scompariva dalla vista, Mariano si riebbe e si diresse verso la Plaza de Armas, dove al primo piano del Palacio de Correos e Intendencia si trovava l’ufficio postale. Comprò dei francobolli e delle buste e mentre usciva sentì qualcuno che lo chiamava da una carrozza trainata da due cavalli. Era la voce di Felipe:
-
Salga, lo porto a fare un giretto per la città.
- Grazie,
ma oggi non devi lavorare? Domandò Mariano.
-
No, ho già finito, adesso vorrei farle fare un giro.
-
Questo pomeriggio non sono di turno in farmacia, di solito sono impegnato da martedì a sabato.
-
Essendo oggi lunedì, devo reputarmi fortunato!
Mariano si sedette accanto al cocchiere per
poter vedere meglio tutto quello che lui gli stava mostrando.
- Conosc
ete la storia dell'Avana? E la storia di questa piazza?
- Non ne ho idea!
- Beh, prima di iniziare il
giro lei dovrebbe sapere che questa città fu fondata nel 1514 dal conquistador spagnolo Pánfilo de Narváez, ma che fu spostata due volte a causa di una piaga di zanzare. Nel 1519 venne spostata nella posizione attuale e, secondo la leggenda, la prima messa fu celebrata sotto un albero di ceiba nell'attuale Plaza de Armas, che dopo la costruzione della Parroquia Mayor fu chiamata Plaza de la Iglesia.
- Che cos'è una ceiba?
- È un albero molto alto, con un tronco
robusto e fiori rossastri, ve lo mostrerò quando ne vedremo uno.
-
D’accordo. Ma posso immaginare come mai è stata chiamata Plaza de Armas: è lì che veniva organizzata la difesa della città, no?
- Non
vada troppo veloce, Mariano, una cosa alla volta.

- Nel 1558 fu iniziata la costruzione del Castillo de la Real Fuerza, che comprendeva uno spazio aperto intorno all’edificio, una vera e propria piazza d'armi, che sarebbe stata utilizzata per raccogliere i residenti, la merce e tutte le cose di valore in caso di pericolo, come lei aveva ben immaginato...Nel secolo scorso la Parrocchia, che nel frattempo aveva perso importanza, dopo la costruzione della vicina Cattedrale barocca di San Cristóbal, fu demolita e al suo posto fu costruito il Palacio de Correos e Intendencia, noto anche come palazzo del Segundo Cabo, e infine fu edificato il Palacio de los Capitanes... ma forse vi sto annoiando con tutte le mie chiacchiere.
-
Per niente, sono molto interessato! Di chi è la statua al centro della piazza? E ti prego smetti di darmi del lei.
- Mi
è difficile darle del tu, ma ci proverò. Quella è la statua del re Fernando VII di Borbone. Sai chi è, no?
- Certo che lo so, era il re d
i Spagna, regnò all'inizio del secolo ed era il padre di Isabel II.
-
Raccontami, raccontami, io ne so ben poco della storia spagnola.
- Fer
nando VII nel 1830 abolì la Legge Salica, quella che non permetteva alle donne di salire sul trono, a favore della neonata figlia Isabel. Quando tre anni dopo, Fernando morì, Carlos, fratello del defunto, volle prendere la corona, non accettando Isabel come regina, e così ebbero inizio le guerre carlistas. Nel 1868 la regina fu spodestata, dopo la rivolta dei partiti progressisti, che però non riuscirono a porre fine alla monarchia.

- Le monarchie resistono sempre, gli disse Felipe.
- Sì, la Spagna è sempre stata monarchica,
forse per questo la nuova costituzione del 1869 ha voluto mantenere la monarchia. Nel 1870 fu eletto re, Amedeo di Savoia, figlio del re d'Italia Vittorio Emanuele e imparentato con la famiglia reale dei Borbone, ma i partiti politici e la nobiltà non lo accettarono mai, così come fu deriso dalle classi popolari perché straniero. I sostenitori di Carlos approfittarono dell'instabilità politica per guadagnare terreno. E nel 1872, come conseguenza di tutto ciò, scoppiò una vera e propria guerra civile, soprattutto nel nord della Spagna. In molte città ci furono rivolte operaie e insurrezioni repubblicane. Di fronte a tante difficoltà, Amadeo I abdicò nel febbraio 1873 e nacque così la prima Repubblica spagnola. Ma il governo repubblicano non riuscì a contenere i disordini interni né a stringere patti con i sostenitori di Carlos..…Mi viene male se penso a queste maledette guerre che causano tanti morti e che mi hanno allontanato dalla Spagna.
- Grazie per averm
i esposto questa parte della storia di Spagna in modo così semplice e chiaro. A Cuba arrivano solo notizie sulla grandezza della Corona spagnola e non sulle dispute interne.

- Nemmeno io ne sapevo molto della storia spagnola, la mia famiglia è conservatrice, si affida alla politica monarchica promulgata dalla Chiesa e ci arriva ben poco di quello che succede realmente nel paese... Per questo quando abitavo lì non capivo perché ci fossero così tante guerre. Tuttavia, sulla nave ho fatto amicizia con un uomo, che tutti chiamavano il professore, il quale mi fece leggere un libro che di recente aveva scritto sulla storia contemporanea della Spagna. Sono stato con lui a chiacchierare giornate intere, mi disse di essere un convinto repubblicano e mi confessò che ultimamente aveva perso la fiducia nel governo per tutto ciò che stava accadendo e che adesso stava fuggendo, prima del disastro. Secondo lui la prima Repubblica aveva i giorni contati.
- Mi sarebbe piaciuto
conoscere il professore. Anch'io, come lui, avrei voluto abolire tutte le dinastie reali. A mio modesto parere, la monarchia è un male della società. Spero che il mondo cambi e si lasci alle spalle tutti gli errori che ha commesso, il peggiore per me è stato l'eredità al trono dei monarchi, perché è lì che nascono le guerre per il potere.

Felipe rimase in silenzio per qualche secondo e poi continuò:
-
Dai, non voglio rattristarti, adesso prima che faccia buio ci sposteremo sull’altra parte della baia, all'imboccatura del Golfo del Messico, in modo da poter vedere la posizione strategica della città.
- Ho visto su una mappa che il Mare dell'Avana
viene chiamato anche Stretto di Florida.

- Sì, lo Stretto di Florida è la continuazione del Golfo del Messico. Come ti dicevo, la baia de L’'Avana è sempre stata un magnifico porto naturale, ma anche molto vulnerabile: sapevi che la città è stata saccheggiata più volte da pirati e corsari?
-
Era da immaginarselo: i pirati sono arrivati anche sulla costa del mio paese!
-
Per proteggere l'ingresso al porto, all'inizio del XVII secolo fu eretto il Castillo de los Tres Santos Reyes Magos del Morro. Ma in seguito la città fu attaccata anche dagli inglesi quando la Spagna entrò in guerra con loro. Nel 1762 gli inglesi conquistarono l'Avana e la tennero sotto custodia per undici mesi, ma quando gli spagnoli riconquistarono l'enclave, in cambio della Florida, iniziarono a costruire la Fortezza di San Carlos de la Cabaña e a circondare la città da grandi muraglie. L'Avana divenne così la città più fortificata del Nuovo Mondo.
-
Bravo Felipe, tu si che sei informato su tutto. Le tue spiegazioni mi riportano a quell'epoca e mi emozionano.
-
Tu dove sei nato?

- Sono nato a Malgrat, un paesino sulla costa orientale spagnola a circa cinquanta chilometri a nord di Barcellona. Era un villaggio che traeva sostento dall’agricoltura e dalla pesca, ma dal 1859, quando è arrivata la ferrovia, l'industria e il commercio hanno iniziato a svilupparsi, e adesso c'è persino un cantiere navale dove si costruiscono navi piuttosto grandi, ma non essendoci un porto naturale, le navi non possono approdare sulla spiaggia, bisogna adoperare piccole imbarcazioni per gli sbarchi.
- A
L'Avana la ferrovia è arrivata nel 1837 e l'illuminazione stradale a gas nel 1848. Spero che il progresso ci salvi, ma gli schiavi non dovrebbero essere obbligati a lavorare nei cantieri come animali, devi sapere che sono loro quelli che costruiscono le nostre reti ferroviarie, sistemano i pali del telegrafo e installano i lampioni, senza i negri Cuba non avrebbe nulla, disse Felipe.

- Anch’io credo nel progresso e aborro come te la schiavitù. Da bambino vedevo le navi nel cantiere navale del mio villaggio e sognavo di salire su una di esse per andare in America. Ed eccomi qua, rispose Mariano.

- Un giorno ti racconterò come sono arrivato a Cuba. Accidenti anche un cantiere navale avete nel tuo paese. Suppongo abbiate anche il telegrafo?
-
Si, il telegrafo mi ha salvato la vita, un giorno anch’io ti racconterò la mia storia. A Malgrat purtroppo ancora non abbiamo l'illuminazione stradale, ma a Barcellona dal 1850 ci sono più di 1.500 lampade a olio che illuminano le strade. Voi cubani siete più avanti di noi in tutto!
-
Sono le grandi aziende francesi e inglesi quelle che investono nell’isola per i loro affari e interessi. Loro hanno sfruttato gli schiavi e si sono arricchiti senza condividere nulla con noi cubani.

Mentre Felipe parlava, guidava concentrato la carrozza e in breve tempo raggiunsero l'altra parte della baia, da dove si poteva ammirare la bellezza de L'Avana. Scesero e fecero un giro intorno al Castello, dopo risalirono e andarono verso la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña e mentre percorrevano il perimetro delle muraglie scese di colpo la notte.


 

mercoledì 6 settembre 2023

Felipe - Cap. 6 - (en español)

 


Los días en que Mariano no iba a trabajar a la farmacia, le gustaba salir a pasear por la ciudad y luego dirigirse a la Plaza de Armas. Las calles estaban abarrotadas de gente que iba y venía, a pie, a caballo, en mulas o en carros, y por todas partes había vendedores ambulantes que gritando ofrecían sus mercancías: dulces, fruta, pollos, huevos, pulpos, etc. Cada semana que pasaba Mariano tenía más confianza en Felipe y empezó a hablarle de su ansiedad.

- Por un lado, estoy contento de estar en Cuba, por otro quisiera volver a España.

- Verás que poco a poco te vas a adaptar a La Habana. Sin embargo, durante mucho tiempo seguirás añorando a tu familia y a tu tierra. Sé lo que uno siente al ser desarraigado de golpe, le dijo Felipe.

- El señor Sarrá me comentó alguna de tus hazañas. ¿Pero tú cuándo llegaste exactamente a la Habana?

- Será mejor que te lo cuente desde el principio, le dijo Felipe.

- Te escucho, dijo Mariano.

- Cuando tenía unos doce años fui alejado de mi familia y deportado a una zona ubicada en la desembocadura del río Congo. Pasé muchos días encerrado en una prisión de una isla. Luego fui vendido a un esclavista. Hice un viaje muy largo en el que murieron algunos de mis compañeros esclavos, como yo. Íbamos amontonados y encadenados en la bodega del navío. Nos trataban como animales, nos daban poca comida y poca agua. Yo sobreviví milagrosamente bebiendo mis orines.

- ¿Ya me puedo imaginar lo mucho que echas de menos a tu familia?

- Yo vivía en una aldea de una zona llamada Boma, cerca del gran río. Mi padre era un hombre de alto rango y muy estimado. De mi madre te puedo decir que todavía recuerdo sus abrazos cálidos.

- ¿Has sabido algo de ellos?

- Desde que me apresaron, no supe nunca más de ellos. En Cuba me compró un terrateniente, que poseía una gran plantación de tabaco cerca de Viñales… Mi amo, el señor Vicente Vila, era muy ambicioso, no paraba de comprar tierras y esclavos a los negreros porque quería acumular una gran fortuna. Se había marchado muchos años atrás de un pueblo de la costa catalana, sólo con la ropa puesta, y quería volver rico a su tierra para que todos lo admiraran. Sin embargo, su hijo Juaquín era muy distinto, me enseñó a leer y a escribir a escondidas. Cuando murió el amo, Juaquín vendió su parte de la finca a Andreu, su hermano y a mí me dio la libertad. Nos trasladamos juntos a La Habana en 1870. Juaquín se casó con una linda mulata y me costeó los estudios en una escuela clandestina, pues a los negritos no se nos permitía estudiar. Incluso me pagó una indemnización por todos los años de esclavitud.

- ¿Fuiste a buscar a tu familia?

- Sí, encontré la aldea arrasada y nadie por los alrededores sabía nada de ellos. Había una cabaña a poca distancia del lugar donde yo había nacido, donde vivía una vieja desdentada que conocía a mi familia. Me dijo que cuando mis padres fueron a reclamarme, los negreros los asesinaron y quemaron su casa. Me dijo también que en la aldea había un impostor que con astucia engañaba y vendía a los niños, eso fue lo que me pasó a mí. Aquel hombre me llevó a pescar por el río en su barca, yo confié en él, pues era el tío de un amigo mío, en cambio, él me entregó a los negreros por dos miserables monedas. Volví a Cuba destrozado, pero con la determinación de acabar con la esclavitud.

- Lo siento mucho, Felipe.

- En verdad mi nombre era Ifel, pero los españoles empezaron a llamarme Felipe. Juaquín Vila fue quien me presentó al señor Sarrá, los dos eran muy amigos, hablaban catalán entre ellos. Pensaban que yo sólo entendía el español, pero yo escuchaba y aprendía siempre nuevas palabras de vuestra lengua. Entonces, leyendo y escuchando a los dos catalanes, empecé a comprender la situación política de Cuba. Con una parte del dinero que me dio Juaquín Vila, me compré un coche y dos caballos y aquí me tienes.

- Es increíble que sepas tantas cosas y además que entiendas el catalán.

Volviendo a casa, estuvieron un rato callados y luego Mariano le dijo:

- Gracias, Felipe, desde que te conozco ya no tengo la idea fija de volver a España. A pesar de lo que has sufrido, eres amable con todo el mundo. A tu lado me pasan todos los males.

- Mi filosofía de vida es apreciar lo que tengo y no sentirme desgraciado por lo mucho que tienen los demás, aunque desearía que no hubiera tantas desigualdades. Me rodeo de personas positivas, que aprecian la vida y me alejo de los conflictos y de todos los que son demasiado egoístas y malvados.

- Te alejas de los conflictos, pero eres simpatizante de Carlos Manuel de Céspedes! ¿Te irías a luchar por una causa noble de los separatistas?

- Apoyo la causa de Céspedes, pero sólo de forma pacífica. ¿Has leído su emocionante discurso, el de octubre 1868, con el que proclamaba la libertad de todos los esclavos?

- No, pero me gustaría hacerlo.

- Te lo voy a traer.

Mariano en aquellos días empezó a dormir como un tronco y al amanecer ya no se despertaba sobresaltado. El recuerdo de la cita de los lunes ahuyentaba sus pensamientos sombríos y cuando al anochecer aparecía el carruaje de Felipe en la Plaza de Armas, se alegraba oyendo su voz que decía:

- Anda, sube, que vamos a dar una vuelta.

Felipe le trajo el Manifiesto del grito de Yara y Mariano lo leyó con detenimiento. El lunes siguiente le dijo a Felipe:

- He visto que los principales objetivos son el logro de la independencia total de España y la gradual abolición de la esclavitud a cambio de una indemnización, otorgada gradualmente a los terratenientes.

- No está muy claro quién va a indemnizar a los terratenientes, replicó Felipe.

- Es verdad, pero no deja duda alguna de que los propósitos van a perseguirse con la lucha armada. Sin embargo, es muy noble que Céspedes haya dado inmediatamente la libertad a sus esclavos y los haya llamado para que se incorporaran a la lucha junto a los blancos.

- Yo temo por los esclavos. Ya han pasado más de cinco años desde el levantamiento de Céspedes. Ha habido muchos muertos y la mayor parte son y seguirán siendo esclavos negros, dijo Felipe.

- Me gustaría saber más cosas de Céspedes.

- Para conocerlo mejor tendrías que leer sus poesías. Te quiero recitar una de las que más me emociona:

Quizás el destino que construimos

Sea esa piedra empujada cuesta arriba

Donde la palabra se desliza de nuevo

A los pies del próximo poeta



Quizás lo que realizamos piedra arriba

Sea el eterno descifrar del paso olvidado

Donde encontraremos las claves precisas

Para que un día la roca ocupe su lugar en la cima



- Yo tampoco logro entender que un poeta coja las armas. Todos dicen que es una causa noble, claro que sí, pero yo sigo pensando como tú, que hay que conseguirlo de forma pacífica, le dijo Mariano.

- Ojalá, le contestó Felipe.

Mariano cada vez se sentía más a gusto con Felipe, lo consideraba un amigo. Nadie conocía la edad exacta de aquel cochero, quizás todavía no había cumplido veinte años: sin embargo, su sabiduría era la de un hombre que había vivido mucho. Felipe era inteligente y decidido, pero humilde a la vez. A Mariano le daba confianza y serenidad porque percibía su interés por todos los seres humanos, sin embargo, como le había prometido al farmacéutico, en aquella ocasión no le contó que él era un fugitivo.

Pasaron deprisa los días, las semanas y los meses, sin que Mariano se diera cuenta de que estaba a punto de llegar el año 1874. No acababa de acostumbrarse al invierno caluroso del Trópico. Las fiestas de Navidad las pasó en casa del farmacéutico. La noche del 31 de diciembre, Felipe lo citó en la plaza de Armas y por primera vez los dos amigos hablaron de amores.

- ¿Tienes novia? Espero no ser indiscreto con esa pregunta.

- Pues lo que se dice novia, novia, todavía no, pero tengo a María, la criada de la señora Valls, una rica señora catalana que viajaba con su marido en el buque en el que llegué.

- Yo sí que tengo novia, se llama Olivia, su piel, es negra como el carbón, es muy linda y amorosa, vive en una plantación de Viñales. Desgraciadamente es una esclava, pero espero que pronto sea libre. ¿No te gustan las muchachas cubanas?

- Las mujeres cubanas me dan apuro, por ahora no me interesan, pues me estoy escribiendo con María.

- ¿Cómo es María?

- Se parece un poco a mi hermana mayor, lleva el mismo nombre. Es guapa, su piel y sus cabellos son claros y tiene buen carácter. Me escribe que se siente sola en medio de potreros y ganado y que no se lo pasa muy bien con su dueña cascarrabias. Quisiera ir al verla, vive en una finca cerca de Soroa, al sudoeste de La Habana.

- Te acompañaré yo en primavera a la finca de los Valls. Y otro día iremos a Viñales, pues estoy intentando comprar a Olivia. Aunque tenga un intermediario blanco, por ahora no lo he conseguido. No hay nada que hacer, no quieren vender a Olivia.

Los dos amigos, desde el otro lado de la bahía, dieron la bienvenida al nuevo año, fumando un cigarrillo y mirando el mar y la ciudad a lo lejos.

A principios de marzo, Felipe se volatizó, y su coche de caballos no apareció más por la plaza de Armas. A Mariano le pareció muy raro y empezó a preguntar por él a otros cocheros, pero nadie conocía el paradero del Felipe. Temía que hubiera tenido un percance, pero pronto cayó en la cuenta de que su desaparición tenía que ver con la muerte de Céspedes, que tuvo lugar el 27 de febrero de 1874.

Una mañana, detrás del mostrador de la farmacia, el señor Sarrá le dijo:

- Mariano no te preocupes por Felipe, está bien, ya se pondrá en contacto contigo. Él sabe lo que se lleva entre manos. Ha hecho bien en desaparecer, pues en La Habana corría peligro por sus ideas políticas.

- Felipe nunca me reveló sus planes, pero yo creo que ahora que Céspedes ha caído, él con todas sus fuerzas intentará luchar pacíficamente para la abolición de la esclavitud y para que Cuba sea libre, dijo Mariano.